Anibal

Estoy aquí en Italia y recibo la noticia de tu muerte, Anibal.
Pensé mucho en ti en estos días.
Recuerdo que la primera vez que nos encontramos fue en San Josecito.
Quería construir un pequeño jardín fuera de la casa de las Palomas y te acercaste a él.
Tenias tu machete en tu mano y fuiste al bosque para obtener la madera que necesitabas.
Nuestra amistad nació en ese mismo jardín, que con los años ha crecido y se ha vuelto más hermoso.
También recuerdo que me enseñaste a jugar al dominó.
Era tu pasatiempo favorito.
Por la noche, a menudo venías y con una taza de tinto en la mano y pasábamos la noche riendo y jugando.
Si perdías te enojabas y te ibas murmurando a casa.
Tu personaje puede haber parecido brusco, pero tu corazón era bueno.

Recuerdo tu sonrisa y tu paso cojo, siempre acompañado por Guardian, tu fiel perro.
El día que finalmente salí de San Josecito me acompañaste al chivero y nos abrazamos con la promesa de que nos encontraríamos algún día.
Nunca volví a Colombia, pero pensaba en ti a menudo.
Si recuerdo mis días pasados en la Comunidad de Paz, el primer recuerdo es para ti y tu sonrisa.
Tengo una foto que me gusta especialmente.
Somos tú y yo, el día de la fiesta de mi partida.
La estoy mirando ahora mientras escribo estas pocas palabras que espero te acompañen en este último camino.
Contengo las lágrimas y te sonrío, Anibal.
Es hora de decir adiós de nuevo.
Que tengas un buen viaje, querido amigo.
Te abrazo fuerte.

Andrea